Sí a la alegría y a la confianza que va más allá de lo que ocurre día tras día. Sí a tener valor de abrazar tanto el dolor como el miedo, para poder conquistar los sueños y acercarse a uno mismo y a los demás de forma más auténtica.
Un sí que nos aleja del poder adquirido de la queja y del sufrimiento y que nos permite dirigir la energía hacia la acción.
Sí a valorar lo que hay y no que falta, por apreciar maravillas tan simples como el mero hecho de estar vivos.
Dice un Proverbio africano” Después de haber recorrido el mundo entero en busca de la felicidad, te das cuenta de que estaba en la puerta de tu casa”.
